Sobre el Encuentro Internacional de Gestores Culturales (Santa Cruz de la Sierra)

Encuentro Internacional de Gestores CulturalesEl Encuentro Internacional de Gestores Culturales, realizado en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), entre el 25 y el 28 de octubre, fue organizado por la Fundación Visión Cultural y el Goethe Institut –ambas organizaciones de la ciudad de La Paz.

Veinticinco invitados de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Perú, México y Estados Unidos, junto con algunos gestores nacionales, presentaron ponencias sobre diversas áreas de la gestión de cultura.

Paralelamente, en instalaciones del Goethe Zentrum se realizó un Encuentro Local de Gestores, en los que algunos gestores locales dieron a conocer su trabajo en las instituciones que dirigen.

Fueron tres jornadas maratónicas en las que los gestores bolivianos –pero más específicamente los gestores cruceños– tuvimos, por primera vez, la oportunidad de escuchar y aprender de las buenas prácticas llevadas a cabo en otros países; de participar de un escenario de diálogo abierto en el que discutían temas directamente relacionados a nuestro sector; y de ampliar nuestra red de contactos con colegas que trabajan en el área específica a la que cada uno de nosotros se dedica.

La modalidad del evento fueron tres paneles: Gestión de Patrimonio, Financiamiento de la Cultura y Políticas Culturales. Los participantes tenían también la opción de participar de alguno de los cuatro talleres que, al mismo tiempo, se realizaron: Derechos Culturales, dictado por Romina Biachini, de Argentina; Políticas Culturales y Cooperación, dictado por Clara Mónica Zapata, de Colombia; Herramientas de la estructura dramática al servicio del gestor cultural, por Susana Salerno, de Argentina; y un taller de baile dictado por Marilyn Canché y María Lorenza Rosado, de México.

Personalmente, debo confesar que este Encuentro significó para mí la confirmación de que ha sido fructífera y acertada la asimilación de conceptos adquiridos durante el Máster en Gestión y Dirección de Industrias Culturales. Mi visión de lo que es la cultura –lo que ésta significa para la sociedad y los Estados– y de cómo puede y debe ser gestionada, es ahora muy diferente de lo que era antes de estudiar el máster. Estoy convencida de que hay mucho por hacer, pero mucho más por aprender. Escuchar las ponencias de profesionales del campo, no solo me ha servido para confirmar que mi propuesta de unir a los gestores cruceños en una asociación (Mi Trabajo Final de Máster fue la utópica creación de ésta) es una necesidad urgente, sino para reafirmar que el enfoque que propuse para ésta es acertado.

Lastimosamente, debido a que la gestión cultural en nuestro departamento (Santa Cruz) –con muy pocas excepciones– se ha convertido en un mercado de proyectos individuales y dispersos en el que se gestiona eventos y no cultura, los gestores culturales somos aun un sector invisible para el Estado y para la sociedad civil. Somos vistos como meros idealistas que trabajan a fondo perdido; como simples intermediarios o difusores de actividades que tienen ninguna –o muy poca– repercusión en el desarrollo económico de la región.

Esta visión que se tiene, en nuestro medio, de la gestión cultural –esta casi invisibilidad– se debe a que todavía son muy pocos los proyectos culturales que alcanzan el nivel de sostenibilidad que les brinde la jerarquía necesaria para ser ‘dignos’ del patrocinio necesario, porque no se enfocan de manera integral, son producto del entusiasmo del momento y no se analizan a conciencia todas potencialidades de alcance e incidencia que cada una de esas ideas tiene. Haciendo referencia a la metáfora del ecosistema cultural que propone Durán Salvatierra: se presta demasiada atención al árbol –o más bien las ramas– y no se mira el bosque.

Centro Cultural Santa Cruz De La Sierra

Si bien, los que asistimos a las diferentes conferencias, hemos podido enterarnos de proyectos locales que han conseguido autosustentarse, lo cual es más que meritorio –tal es el caso de Café Lorca, por ejemplo–, es una realidad innegable que la cultura es un campo que requiere de la participación económica no sólo del Estado sino también del sector privado. Pero para que esto sea posible, debemos fortalecernos como sector. Y esto no significa sindicalizarnos y hacer paros y huelgas, significa potenciar nuestro hacer capacitándonos en las áreas en las que flaqueamos y demostrar de esta manera que lo que hacemos o queremos hacer –esos proyectos que visualizamos y en los cuales descargamos todas nuestras energías y sueños– aportan verdaderamente a la sociedad, no solo en entretenimiento sino como anclas de cohesión social y desarrollo humano; que no solo sirven para llenar las agendas burocráticas de las instituciones, sino para revitalizar valores y conceptos simbólicos, para la construcción de los significantes y significados que hacen a la sociedad; que no solo inciden en la economía de los directamente implicados, sino que generan un importante movimiento económico en también sectores anexos.

Un ejemplo digno de seguir es Colombia. Clara Mónica Zapata comentaba que en su país, el plan de revitalización de artesanías nacionales no está en manos del Ministerio de Cultura sino del Ministerio de Industria y Comercio. Esto sólo sucede cuando un Estado –y cuando digo Estado me refiero no solo a los gobernantes, sino al país entero– toma conciencia de que la cultura es importante también para el desarrollo económico (un promedio del aporte de la cultura al PIB de los países latinoamericanos es del 2,5%; eso es muchísimo dinero). Pero para llegar a eso, los gestores culturales colombianos han tenido que fortalecer su sector desde el hacer, no desde el decir.

¿Por qué hago tanto énfasis en el lado económico? Porque creo que es fundamental comenzar a pensar la cultura desde todos sus ángulos, no solamente desde la visión meramente simbólica; nuestro sector es un sector que, bien tomado en cuenta, genera crecimiento económico, lo cual incide en el mejoramiento de la calidad de vida de los actores involucrados. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a que mendigar aportes al sector sea una práctica común y lo peor es que ‘mendigar’ es el término correcto, no es una exageración. Se estira la mano y se sonríe con la esperanza de conseguir algo que nos ayude a consolidar lo que emprendemos, y en los discursos inaugurales se usa y reúsa la palabra ‘esfuerzo’, como si quienes colaboran nos estuvieran haciendo un favor.

Otro tema que resalto de este Encuentro es la confirmación de que la calidad del producto o servicio cultural es un tema indispensable para tomar en cuenta a la hora de planificar cualquier acción. No podemos continuar con la creencia de que cualquier producto o servicio es válido y, en nombre de la cultura, esperar que el público, el Estado, los auspiciadores y nosotros mismos, los gestores, invirtamos en él, tiempo y dinero. Hablo de calidad de productos y calidad de servicios; hablo de proyectos con proyección, planificados estratégicamente en busca de determinados objetivos (institucionales, personales, o sociales); hablo de dejar de hacer las cosas por inercia y comenzar a pensar bien por qué y para qué se gestiona la cultura; hablo, principalmente, de que cada institución tenga claros sus objetivos y gestione su agenda en función a ellos; de dejar, de una vez por todas, que llenar la agenda –“con lo que venga”– sea el objetivo de las instituciones (privadas o públicas).

En resumen, el Encuentro Internacional de Gestores Culturales, titánica labor llevada a cabo por Fundación Visión Cultural y el Goethe Institut de la ciudad de La Paz, que nos regaló tres días de conferencias, talleres, espacios de diálogo y aprendizaje, ha sido a mi criterio una acertada apuesta por el fortalecimiento del sector; un espacio de aprendizaje de las buenas prácticas, un primer paso hacia la consolidación de metas, entre las cuales están salir de la invisibilidad, mejorar la calidad de nuestra oferta y capacitarnos en las áreas en las que aún flaqueamos.

Como corolario, un detalle que quiero resaltar es que en las mesas de conclusiones (anduve escuchando lo que se acordaba en cada una de ellas), el común denominador fueron justamente estas tres metas de las que hablo en el párrafo anterior (metas que propongo en mi TFM para la utópica Asociación Cruceña de Gestores Culturales): mejoras a la calidad de la oferta cultural, fortalecimiento de la imagen del gestor y capacitación para los gestores. 


 Paula López Moreno

Alumna del Máster en Gestión y Dirección de Industrias Culturales


 

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