Rubén Fornell, talento musical a raudales

Rubén Fornell Master gestión cultural“La música es una demostración constante de nivel y valía”

Tiene 24 años, una trayectoria musical asombrosa a sus espaldas y un futuro prometedor. Ruben Fornell es director, intérprete, compositor, gestor cultural e investigador; una figura polifacética, entusiasta y luchadora; un joven apasionado por lo que hace que ha conseguido sus logros a base de trabajo y constancia.

Ruben Fornell se ha codeado con grandes figuras como Claudio Abaddo, Daniel Barenboim o Riccardo Muti y ha logrado un amplio reconocimiento internacional. Ahora, entre sus metas, su principal objetivo es poder trabajar en España.

- Daniel Barenboim ha dicho de ti que eres un “músico de gran talento”. ¿Qué supone para ti que una persona de la talla de Barenboim te dedique esas palabras?

La confianza de los maestros es un gran impulso para continuar esforzándome cada día, aunque hay que tener en cuenta que la música es una demostración constante de nivel y valía. Hay que hacerla vivir en cada concierto más allá de palabras o interpretaciones pasadas. Personalmente, me siento afortunado porque siempre me he encontrado con el apoyo y con el reconocimiento de grandes figuras de la música a nivel mundial.

- Con tan sólo 24 años, tu currículum es abrumador. ¿Cómo lo has conseguido?

Soy una persona muy inquieta y valoro mucho el tiempo. Es una forma de concebir el mundo que se la debo a mis padres. El ejemplo que he recibido desde niño ha sido el de ver a dos personas obreras que han trabajado con ilusión y con pasión durante dieciséis horas al día para ofrecerme un futuro. Y siempre con una sonrisa. Con ese ejemplo no es ningún mérito esforzarme al nivel que lo hago. Ellos me enseñaron a darlo todo en lo que hiciera y a buscar mi progreso sin caer en la quietud de la comodidad. Es mi mejor herencia.

Pero todo lo que hago no me resta tiempo libre, aunque sí me obliga a esforzarme en la organización y en la eficacia del trabajo. Aprovecho cada minuto y soy muy objetivo, pero, sobre todo, los proyectos necesitan constancia. Es fácil tener una idea y emprenderla con el primer torrente de motivación, pero la dificultad reside en ser constante con el mismo grado de pasión.

- Una de las cosas más sorprendentes de tu carrera profesional es tu perfil polifacético. Eres director, intérprete, compositor, gestor… ¿Qué te llevó a desarrollar todas estas facetas al mismo tiempo?

El arte es el resultado de la retroalimentación desde la visión global de todas las sinergias que convergen, más allá de la parcialidad. Hacer un “todo” de las diferentes disciplinas es la obligación moral de los que tenemos la intención de acariciar la trascendencia.

La conjunción de las facetas me lleva a un grado mayor de madurez musical. Hoy en día, por ejemplo, el mundo de la dirección de orquesta está repleto de directores que nunca han llegado a un gran nivel con su instrumento, o que lo han dejado sustituido por la batuta. No podemos perder la referencia de lo que siente y vive la persona que tenemos enfrente. Y la mayor empatía se genera poniéndonos en su lugar.

- Has sido director asistente de maestros como Claudio Abaddo o Riccardo Muti, ¿qué supone moverse entre las orquestas de más prestigio a nivel internacional?

Poder hacer y vivir el sonido de las mejores orquestas mundiales es la mayor fuente de aprendizaje. Aporta unas referencias y unos niveles de calidad que son necesarios experimentar para poder extrapolarlos al trabajo diario con otras orquestas de menor nivel. En esas orquestas encuentras el consejo de músicos que son iconos en sus instrumentos, y además te brindan la experiencia de toda una vida.

- Como músico, ¿cuál ha sido tu mayor reto?

El mayor reto es España. Poder desarrollarse aquí es el gran desafío. Tenemos un sistema político que no cuenta con nosotros para diseñar lo que nos atañe y que rebaja la presencia de nuestro gremio en los presupuestos, enseñanzas y actividades para la ciudadanía.

El entramado de las orquestas se configura, en muchas ocasiones, por círculos cerrados. Especialmente en la dirección de orquesta en este país, no importa una trayectoria como la mía para abrirte puertas. Dar conciertos en 37 países en las salas más prestigiosas y trabajar con los mejores aquí no se valora. Es más importante un padre con dinero o un padrino con contactos, ser “amigo de”, o tener una imagen que pueda vender “humo musical”, que es esa verborrea insípida que carece de contenido pero que convence a algunas masas. Me resulta mucho más complejo conseguir dirigir Mozart en Madrid que Mahler en Milán.

- Parte de tu formación la has dedicado a la gestión cultural, ¿qué puertas te han abierto másters como el de la UEMC?  ¿Consideras que actualmente es un factor imprescindible para el músico conocer cómo funciona el sector de la gestión cultural?

Sin el máster de la UEMC no estaría trabajando en España.

Ruben FornellActualmente soy el coordinador del área de desarrollo de proyectos de Música Creativa en Madrid, y general manager en la delegación española de Artifice Cultural Promoters. Además, presido la Asociación de Músicos y Embajadores Culturales. Todas esas puertas se han abierto gracias a que decidí inclinarme también hacia la gestión cultural y tuve la suerte de encontrarme con figuras dentro del máster, especialmente Santiago Arroyo y Clara Criado, que me facilitaron el aprendizaje.

Pero es necesario que igual que lo he hecho yo lo hagamos más músicos con una sólida trayectoria. No supone renunciar a una carrera musical, al contrario, te dota de más herramientas para poder coordinar tus propias iniciativas.

- ¿Cuáles son tus proyectos para el futuro?

Mi proyecto desde hace años es conseguir vivir en España con una calidad vital y laboral que sea acorde con el esfuerzo que he realizado y con el nivel profesional que ofrezco. No quiero verme obligado a regresar al extranjero para que valoren mi trabajo.

Me he formado y he trabajado al más alto nivel. Este año acabo mi cuarto máster y elaboro mi tesis doctoral, después de ofrecer conciertos en casi cuarenta países en los cinco continentes. Pero en España no parece ser suficiente. Nunca he pedido un lugar donde acomodarme, sino un foco desde el que poder pelear, ya sea más enfocado a la gestión, a la política en materia educativa o al propio desarrollo musical, para cambiar todo aquello mejorable desde la experiencia. Seguiré demandando lo que, al igual que yo, todos necesitamos, ofreciéndome para ello. Y si finalmente me veo obligado a irme, desde allí comenzará una vez más mi lucha por regresar.

Puedes saber más sobre Rubén Fornell en su web

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